Estoy consternada...ultimamente he visto la muerte desde otra perspectiva, pero aun asi, el deceso de este conocido escritor me ha consternado. El fué en los ultimos años una persona importante para mi, sus ideas me hicieron abrir mi mente a muchas situaciones que antes eran impensables o prohibidas.
Un ateo reconocido que al saberse publicamente su enfermedad muchos creyentes de esos misericordiosos y de golpe de pecho, no dudaron en decir que era un "castigo divino", e incluso muchos mas llegaron a la patética postración de orar unos por su sanación y otros por su muerte. Asi es como piensan los buenos cristianos? en este mundo lleno de falsedad, hipocresía y manipulación, este hombre nunca se calló lo que pensaba y de lo que realmente estaba convencido y muchos nos convencemos dia con dia.
Murió Christopher Hitchens, el polémico escritor que hizo del ateísmo una forma de vida.
El escritor y periodista británico-estadounidense Christopher Hitchens murió anoche, a los 62 años, en Houston, Estados Unidos. Polémico, con sus libros Dios no existe y Dios no es bueno hizo del ateísmo una forma de vida.
Nacido en Portsmouth, Inglaterra, el 13 de abril de 1949, Hitchens procedía de una familia modesta. Era el hijo mayor de un oficial de la marina, un personaje conservador y militarista que solía decir que la guerra fue el único momento de su vida en que “sabía qué estaba haciendo”. Interesada en la educación, la madre de Hitchens era una persona mucho más animada, al punto que lo envió a un colegio pupilo a los 8 años, y luego costeó sus estudios en centros privados para que su primogénito diera el salto a la alta sociedad británica. Hitchens estudió Filosofía, Ciencias Políticas y Economía en el Balliol College de Oxford, y se mezcló en el ambiente intelectual y la izquierda radical de la Inglaterra de los 70.
Acérrimo opositor a la guerra de Vietnam, el escritor viajó desde joven a Polonia, Checoslovaquia y también a nuestro país, donde en 1977 se encontró con el dictador Jorge Rafael Videla, episodio sobre el que luego escribió que, al darle la mano, debió tragarse el vómito.
Sus primeros pasos como periodista los dio en el semanario The New Statesman, que le permitió asociarse a un grupo de jóvenes escritores como Martin Amis, Ian McEwan y Salman Rushdie.
Hitchens es visto como uno de los intelectuales más influyentes de los últimos treinta años por sus críticas contra Henry Kissinger o la Madre Teresa, a la que consideraba una proselitista de una versión retrógrada del catolicismo. Sin embargo, mientras sus libros y conferencias se centraron en defender la inexistencia de Dios, también daba charlas en contra del aborto.
Una de sus grandes batallas, contra Kissinger, la dio en el libro El juicio de Kissinger, un texto explosivo que cuestiona la gestión de la política exterior del que fuera secretario de Estado bajo el mandato de Richard Nixon, a quien consideraba un criminal de guerra.
Pero también dejó atónitos a sus seguidores de izquierda al apoyar la primera guerra de Irak (1990) o respaldar a la ex primera ministra británica conservadora Margaret Thatcher cuando envió sus fuerzas armadas a las Malvinas (1982) porque suponía combatir la dictadura del general argentino Leopoldo Galtieri.
Ya por entonces Hitchens vivía en los EE.UU. donde colaboró con las publicaciones más prestigiosas a ambos lados del Atlántico: Vanity Fair, Slate, The Nation, The New York Times Review of Books, The Times Literary y National Geographic, entre otras.
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Hitchens anunció que ya no era de izquierda y, para horror de sus compañeros de juventud, aceptaba invitaciones del ex presidente de los EEUU George W. Bush a la Casa Blanca.
Cuando se le detectó el cáncer de esófago, Hitchens estaba en plena promoción de sus memorias, un libro titulado Hitch-22, que en la Argentina publicó Debate y fue oportunamente reseñado en Revista Ñ. En ese libro, su gran amistad con Salman Rushdie, Ian McEwan, James Fenton, y sobre todo con Martin Amis, son la gran historia de amor de su vida.
En el año 2010, tras diagnosticársele su enfermedad, Hitchens reiteró su ateísmo y llegó a decirle a un periodista: "No se ha presentado aún una prueba o un argumento que pueda cambiar mi forma de pensar. Pero me gustan las sorpresas".
Un ateo reconocido que al saberse publicamente su enfermedad muchos creyentes de esos misericordiosos y de golpe de pecho, no dudaron en decir que era un "castigo divino", e incluso muchos mas llegaron a la patética postración de orar unos por su sanación y otros por su muerte. Asi es como piensan los buenos cristianos? en este mundo lleno de falsedad, hipocresía y manipulación, este hombre nunca se calló lo que pensaba y de lo que realmente estaba convencido y muchos nos convencemos dia con dia.
Murió Christopher Hitchens, el polémico escritor que hizo del ateísmo una forma de vida.
El escritor y periodista británico-estadounidense Christopher Hitchens murió anoche, a los 62 años, en Houston, Estados Unidos. Polémico, con sus libros Dios no existe y Dios no es bueno hizo del ateísmo una forma de vida.
Nacido en Portsmouth, Inglaterra, el 13 de abril de 1949, Hitchens procedía de una familia modesta. Era el hijo mayor de un oficial de la marina, un personaje conservador y militarista que solía decir que la guerra fue el único momento de su vida en que “sabía qué estaba haciendo”. Interesada en la educación, la madre de Hitchens era una persona mucho más animada, al punto que lo envió a un colegio pupilo a los 8 años, y luego costeó sus estudios en centros privados para que su primogénito diera el salto a la alta sociedad británica. Hitchens estudió Filosofía, Ciencias Políticas y Economía en el Balliol College de Oxford, y se mezcló en el ambiente intelectual y la izquierda radical de la Inglaterra de los 70.
Acérrimo opositor a la guerra de Vietnam, el escritor viajó desde joven a Polonia, Checoslovaquia y también a nuestro país, donde en 1977 se encontró con el dictador Jorge Rafael Videla, episodio sobre el que luego escribió que, al darle la mano, debió tragarse el vómito.
Sus primeros pasos como periodista los dio en el semanario The New Statesman, que le permitió asociarse a un grupo de jóvenes escritores como Martin Amis, Ian McEwan y Salman Rushdie.
Hitchens es visto como uno de los intelectuales más influyentes de los últimos treinta años por sus críticas contra Henry Kissinger o la Madre Teresa, a la que consideraba una proselitista de una versión retrógrada del catolicismo. Sin embargo, mientras sus libros y conferencias se centraron en defender la inexistencia de Dios, también daba charlas en contra del aborto.
Una de sus grandes batallas, contra Kissinger, la dio en el libro El juicio de Kissinger, un texto explosivo que cuestiona la gestión de la política exterior del que fuera secretario de Estado bajo el mandato de Richard Nixon, a quien consideraba un criminal de guerra.
Pero también dejó atónitos a sus seguidores de izquierda al apoyar la primera guerra de Irak (1990) o respaldar a la ex primera ministra británica conservadora Margaret Thatcher cuando envió sus fuerzas armadas a las Malvinas (1982) porque suponía combatir la dictadura del general argentino Leopoldo Galtieri.
Ya por entonces Hitchens vivía en los EE.UU. donde colaboró con las publicaciones más prestigiosas a ambos lados del Atlántico: Vanity Fair, Slate, The Nation, The New York Times Review of Books, The Times Literary y National Geographic, entre otras.
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Hitchens anunció que ya no era de izquierda y, para horror de sus compañeros de juventud, aceptaba invitaciones del ex presidente de los EEUU George W. Bush a la Casa Blanca.
Cuando se le detectó el cáncer de esófago, Hitchens estaba en plena promoción de sus memorias, un libro titulado Hitch-22, que en la Argentina publicó Debate y fue oportunamente reseñado en Revista Ñ. En ese libro, su gran amistad con Salman Rushdie, Ian McEwan, James Fenton, y sobre todo con Martin Amis, son la gran historia de amor de su vida.
En el año 2010, tras diagnosticársele su enfermedad, Hitchens reiteró su ateísmo y llegó a decirle a un periodista: "No se ha presentado aún una prueba o un argumento que pueda cambiar mi forma de pensar. Pero me gustan las sorpresas".


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